Jardín naturalista: cómo atraer fauna beneficiosa

Un jardín naturalista no se define por qué plantas tiene, sino por si ofrece las cuatro cosas que necesita la fauna para instalarse: refugio, agua, alimento durante buena parte del año y ausencia de pesticidas de amplio espectro. Un jardín puede tener plantas autóctonas y seguir sin atraer casi nada si le falta alguno de esos cuatro elementos.
Refugios: madera muerta, piedras y un rincón sin ordenar
Un montón de piedras o un tronco viejo apilado en un rincón sirve de refugio a lagartijas, insectos y, en jardines grandes o rurales, a erizos, que son un depredador natural de babosas y caracoles y están protegidos por ley: si tienes uno en el jardín, no lo cambies de sitio ni lo manipules. Dejar algo de hojarasca bajo los arbustos durante el invierno protege a los insectos que hibernan ahí y que en primavera alimentan a las primeras crías de muchos pájaros. Si quieres facilitar más su presencia, una caseta sencilla de madera con una entrada estrecha, colocada en un rincón tranquilo y alejada del paso de perros, puede convertirse en refugio de invierno para un erizo sin que tengas que hacer nada más.
Alimento repartido durante todo el año
Para que el jardín funcione como hábitat de forma continua conviene que siempre haya algo floreciendo o fructificando: romero y aulaga en invierno, jaras y lavanda en primavera y principios de verano, y arbustos con fruto como el madroño o el lentisco en otoño, cuando las flores ya han terminado y las aves migratorias necesitan reservas de grasa antes del viaje. No hace falta que sea la misma planta todo el año, sino que se solapen los picos de floración y fructificación de varias especies; en plantas autóctonas para jardín silvestre tienes el detalle de cada una.
La iluminación exterior también afecta a la fauna
Una luz blanca y potente encendida toda la noche desorienta a las mariposas nocturnas y a otros insectos polinizadores, que además son el alimento de murciélagos y de varias aves. Si necesitas luz en el jardín por la noche, una tonalidad cálida, orientada hacia abajo y con temporizador o detector de movimiento reduce mucho ese impacto sin renunciar a ver por dónde caminas.
Agua limpia, sin convertirla en un criadero de mosquitos
Un plato hondo con piedras dentro (para que los insectos puedan posarse sin ahogarse) ya funciona como bebedero para pájaros e insectos. Si optas por un mini estanque, evita que el agua quede estancada: renuévala o haz que circule con una pequeña bomba, porque el agua quieta es justo lo que necesita el mosquito tigre, ya asentado en buena parte de España, para reproducirse. Un bebedero de plato se puede vaciar y rellenar cada dos o tres días sin ningún problema para la fauna que lo usa.
Cajas nido: también ayudan a controlar plagas
Una caja nido para herrerillos o carboneros no es solo un gesto estético: una pareja y sus crías consumen una cantidad notable de orugas y pulgones durante la primavera, incluida la oruga de la procesionaria del pino cuando estos árboles están cerca. Cuélgalas antes de que empiece la temporada de cría, orientadas para que no reciba sol directo toda la tarde, y no las abras ni las revises mientras haya actividad.
Hoteles de insectos: no todos cumplen su función
Muchos hoteles de insectos que se venden como elemento decorativo tienen agujeros de un solo diámetro o materiales que no protegen de la lluvia, y apenas los usa nadie. Para que funcione de verdad conviene que combine varios diámetros de caña o madera taladrada (distintas especies de abejas solitarias necesitan distinto grosor), esté a resguardo de la lluvia directa y se renueve cada dos o tres años.
El límite de la parcela también cuenta: un seto vivo en vez de un muro o una valla ciega funciona como corredor por el que se mueve la fauna entre jardines vecinos, y si ya tienes una valla, dejar un hueco pequeño a ras de suelo cumple una función parecida con un coste mínimo.
Por qué evitar los insecticidas de amplio espectro
Un tratamiento que mata indiscriminadamente también elimina a mariquitas, crisopas y avispas parasitoides que mantienen a raya al pulgón y otras plagas comunes; el resultado habitual es que la plaga original vuelve más fuerte porque ya no tiene depredadores. Si aparece una plaga concreta, es mejor empezar por los métodos dirigidos que se explican en plagas más comunes del jardín y reservar cualquier tratamiento de amplio espectro para el último recurso.
Dejar una parte del jardín sin intervenir
No hace falta un terreno grande para que esto funcione: incluso en un jardín pequeño, dejar un metro cuadrado sin segar, un macetero con plantas que fueron a flor y semilla, o un rincón con hojarasca sin recoger ya marca una diferencia real para la fauna local, sin que el resto del jardín deje de verse cuidado.